
No voy a cosechar ni remordimientos, ni rencores ni temores. Aprendí a no hacerlo, son como esos hongos que les salen a los atletas, o los que crecen en la comida cuando la dejas mucho tiempo encerrada en la humedad del refrigerador. Nacen en el alma pero se ven en el cuerpo, verdes, feos, mal olientes.
Soy humana y cometo errores, pero en el ochenta por ciento de los casos somos nosotros mismos los que clasificamos o no nuestras acciones como equivocaciones. No debemos torturarnos con “hubieras” o situaciones a las que les damos más peso del que merecen. Saber reconocer los errores es lo más importante y darnos cuenta que en muchos de los casos éstos son meramente nuestros inventos. Nosotros decidimos de dónde queremos aprender, si de la culpa o la felicidad.
Cuando yo misma me convierto en el error de alguien más, eso sí, me da muchísimo coraje, pero no voy a cosechar ni remordimientos, ni rencores ni temores, porque he aprendido a perdonar y a dejar ir, y sobre todo a comprender que todos somos igual de humanos.
Llámenme ingenua o tonta o infantil. Pero yo vivo bien y cómoda. No tengo remordimiento o culpa alguna pues siempre actúo de acuerdo a mis convicciones. Nací para ser y hacer feliz, ¿Ustedes para qué nacieron?

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