
Hoy leí la pasión de un hombre que proclamaba escribir mi nombre con pintura.
¿Dónde ha dejado la prudencia que ha perdido al grabar en piedra mi dulzura?
Ya se ha llevado el viento la arena negra con la cual delineaba mi figura.
Pero todavía no acaba de leerme el cuento que relata cómo pierdo poco a poco la cordura.
Letra a letra tatua en mi piel su nombre rugoso, con música, infame a mi blandura.

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