Te diré a ti como a cualquier otro que tenga el interés de leer esto, las cosas que me han estado sucediendo este verano:
Resucitar es cosa de Dios, o de su hijo, da igual, yo no soy Dios ni soy su hija. Desaparecer es cosa de víctimas desafortunadas o prisioneros afortunados, y aunque no soy nada de eso sí tuve algo de aquello. Sufrí una muerte temporal de un año, claro está, en sentido figurado, como Dios. Me esfumé cuan palabra en boca, cuan lágrima en el sol, como Manchitas cuando le dejas la puerta de la calle abierta. Yo deje todo lo que podía dejar, porque quise, no me quise llevar nada conmigo.. ya sabes que yo no puedo con una carga tan pesada como esa de extrañar... Viví en un mundo que siempre soñé, fui como quise, pero fui yo porque quise... aunque cambié. Dejé mi país, mi familia, mis amigos, mi todo, mi yo. Fue inevitable entonces sentir el vacío de aquello que quedó sepultado muy atrás en el pasado, eso que no se quiso congelar para esperarme y regresar intacto, aunque frío, acojedor... la fría idealización que me hubiera llenado.. Regresé nueva, toda yo y mi todo también.
Ya no me puedo llenar de aquél triste vacío. Este verano aprendí que soy diferente, soy nueva, no soy hija del Dios en quién creía pero ya no existe, ni una víctima desaparecida esperando a ser encontrada, soy yo. Creo que eso es a lo que llaman reencarnación.
lunes, 4 de agosto de 2008
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