sábado, 10 de mayo de 2008

ángeles de alas rotas

deMi forma de pensar a cambiado mucho, ha dado un giro total. Se me han abierto los ojos por primera vez, es como si volviera a nacer y viera la luz por primera vez otra vez. Me da nostalgia, y al mismo tiempo siento una etrañeza inmensa en relación a esa luz. Esa iluminación que tanto me hacía falta. Se me había olvidado cómo ser feliz. La vida es tan feliz, y al mismo tiempo un desastre, es hermosa. Las personas son tan extensas y profundas.
Compartir esa profundidad dentro de cada quien, nos llena tanto el vacío. Le quita el sentido a todas esas cosas vanales que algún día consideramos el centro de nuestro universo. Los clichés se vuelven tan... inciertos, tan inútiles. Formas tu propia sabiduría y tu íntima filosofía de amar.
Y aprendes a ver las cosas de un lado tan diferente, se descubren sentimientos que no tienen nombre. Y no importa que no lo tengan, porque así, podemos describirlos, disfrutar de la delicia de ilustrarlos, formar un paraíso de palabras. De esas palabras que te acarician y te hacen agradecer a la vida haberte dado el sentido del tacto y una cabeza y un corazón para guardarlas.
He aprendido que aunque el amor no exista como yo quiero, es necesario en esta vida, que he estado viviendo como una ermitaña de los sentimientos. Me hace falta madurar tanto. Abrirme un poco más.
Me he dado cuenta que una de las experiencias más hermosas de esta vida es enamorarte, conocer a esa persona a profundidad.
Que las caricias de quien te ama y amas tocan más que la piel que nos cubre, tocan el sueño.
Ahora sé lo importante que es compartir el alma y lo necesaria que es la confianza. La confianza se ha convertido para mí en el sentimiento más hermoso del planeta.

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