domingo, 20 de enero de 2008

Lejos, lejos

Lejos, Lejos,
lo noto nervioso,
y se alonga como fluído,
el músico.
Especie humana,
del rebaño que siente la vida.
Que escribe cartas a la reina.
y a los pesimistas risueños,
que cuentan cuarenta medianoches.
el músico,
idiota inocente,
narra la muerte,
con manos y silencio,
que pretenden deplorando,
disfrazar que no todos,
somos niños que duermen.
Luminosa amalgama,
la musa,
mezcla de lo efímero y lo eterno,
portadora de la nota
que lanza en el camino,
aquél,
inútilmente.
En su esplada ya está pronosticada,
su suerte.
Lejos, lejos,
infinito omnipresente,
ahora se esconde,
en Dios, en los niños,
en mi boca, bajo un puente,
digno sargento de la nada,
conflicto de los secos,
lo noto nervioso,
insípido.
Y ahora,
ahora en un extremo de mi cama,
lejos, donde no alcanzo a tocarlo,
la penumbra esconde,
entre mis sábanas,
el modesto suicidio de un artista.

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