martes, 18 de noviembre de 2008

La gente se va

La gente va y viene, principalmente va. Cuando se van sin mí no lloro, estoy acostumbrada a la eterna y consolante visita de la ausencia, mi mejor amiga, la única que no se va, sino llega. Cosas tan sencillas como las despedidas ya no logran arrancarme ni una sola lágrima. Como a mi padre ya no le duele que le claven agujas. "Uno se acostumbra" él dice, pero yo creo que en verdad uno se desacostumbra a lo habitual, a sentir. Hay personas muy vulnerables en el aspecto de la soledad, mi papá y yo no somos así. Mi papá y yo somos más inteligentes que el resto del mundo. Nosotros acogemos a la ausencia como si fuera nuestra amiga, aunque hipócritamente sacamos provecho de ella. Mi padre saca de la ausencia una que otra letra para sus crucigramas, yo le robo algunas notas mientras toco el piano. Por eso invitamos a la señorita Ausencia a tomar café en la mañana. Ella nos acompaña por las tardes y descansa en nuestras camas por las noches. Le ofrecemos la casa entera, no somos nada egoístas, por ahi anda, todo el día en el patio, la sala, el baño, la cocina. Nos gusta saber que nos acompaña. Si ya está en nuestro hogar, ¿Para qué ignorarla? Mi padre y yo sí sabemos cómo tratar a un invitado. Así le enseñaron a él y así también me ha enseñado.A ser hospitalaria, cortés, educada. A él y a mí nos sobra la educación que carece el resto del mundo incivilizado. ¿Por qué despreciar a la señorita Ausencia? Si es la única que viene a nuestro socorro cuando alguien nos ha dejado. Ella mantiene el equilibrio, llena el vacío. Es la musa de los mejores pensadores, poetas, pintores como yo, músicos, enfermedades como la de mi padre, científicos, cocineros, políticos corruptos.A mí y a mi papá nos gusta observar la Ausencia, aprender de ella, porque es toda una mujer de negocios la señorita. Cuenta con empresas de todo tipo y en todo el mundo. Vende colores, sabores, olores. En las grandes ciudades nos ofrece comida, música, instrumentos, novelas románticas, libros de cuentos, programas televisivos, boletos de cine, cirugías plásticas, sopas de letras, crucigramas, clases de tango, cursos de autoayuda, pornografía, tabaco, drogas y hasta sexo., la lista es interminable. Junto con su socia, la respetada señora Soledad Nostálgica, viuda del señor Recuerdo de la Melancolía, han logrado ocupar el primer lugar en ventas e inversiones a nivel global. Son las dueñas y señoras del consumismo mundial. ¿Por qué? Porque la gente huye de ellas, las ignoran, se ensordecen ante los gritos desesperados de la ausencia con Rock and Roll o Chopin. Se ciegan de su brillo de impotencia con sus lentes Prada y Gucci. No dejan que la soledad llene el vacío dentro de sus cuerpos, por eso sucumben a la gula, para que sus estómagos exploten de toda esa comida barata, moderna y grasosa, o aquella nutritiva pero cara. El ser humano se deja llevar por la superficialidad, porque ésta les ofrece llenar aquel vacío abstracto dentro de cada uno. Nos vende productos y resultados, tangibles, concretos ante la mirada torpe de todos los desdichados e ingenuos solitarios. Lo que no saben es que forma parte del maquiavélico plan económico de mi querida inquilina. Mi papá y yo hemos aprendido de la mejor al haberla acogido en nuestros escasos y viejos muros. Como se dice: "Mantén a tus amigos cerca y a tus enemigos más cerca".La señorita Ausencia llena el vacío de la casa, ayuda a mi papá a resolver sus crucigramas y sopas de letras, me motiva a leerle a él por las noches cuando ya no tiené más pasatiempos en qué refugiarse. La señorita Ausencia es silenciosa y educada, grácil, delicada. Y aunque haga que las telarañas aumenten sus dimensiones en los rincones abandonados de la casa, llene de polvo mi piano, mi ropa, los anuarios de papá, cada taza, plato y vaso en la cocina, mate de hambre a mi pez, obligue a irse durante días a mi gato, ocupe casi todo el espacio en nuestras camas, marchite a las flores no regadas, y aumente la carencia de cartas en nuestros buzones y la escasez de llamadas a nuestro teléfono: mi papá y yo, somos felices.

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