Cuando la gente me pregunta qué carrera estudio podría decir mil cosas, que estudio las pelusas que sueltan las cortinas, su densidad de acuerdo a la hora, su tamaño dependiendo del tiempo que pasa sin que limpie, su consistencia y rapidez de caer en relación con el clima.
Podría también contarles que estudio por las tardes el periódico cuando le leo a mi padre. Así también la cara que pone para fingir que no está cansado y la cara que no pone cuando se queda dormido. Que estudio un diplomado sobre los colores del cielo en los amaneceres y atardeceres, y el tiempo que tarda mi gato en regresar a casa, y los días que dura mi pez sin comer. Que estudio lo que dice la caja de céreal cada mañana al levantarme a almorzar, y los poemas de Jaime Sabines antes de acostarme a dormir. Que estudio las horas que se toma mi papá en arreglar el jardín. Que estudio mi cara en los ojos de la lluvia en mi ventana, mi cara en mis ojos en el espejo, mi cara en los ojos de mi padre, mi cara en los ojos de mi gato, mi cara en los ojos de mi pez, mi cara en los jos de los curiosos que me preguntan qué estudio, a quienes solamente les respondo que no voy a la universidad y que trabajo. Todavía curiosos (un curioso nunca deja de ser curioso hasta la muerte del gato) me preguntan en qué trabajo. Ahora estudio mi cara en los ojos interesados de los curiosos al responderles que soy pintora. Dejándose llevar por su naturaleza me cuestionan en qué técnica me especializo: óleo, acrílico, acuarela… y me estudio una última vez en los ahora incrédulos ojos de los curiosos cuando los corrijo y les digo que soy pintora de brocha gorda. Ahora sus ojos inútilmente esquivan mi reflejo y ya no me veo en ellos.
El gato sufrió un leve ataque cardiaco.
martes, 18 de noviembre de 2008
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